El Placer de no hacer Nada

Muchos ya estaréis de vacaciones y otros estaréis a punto de comenzarlas. Otros, quizá, nunca se pueden coger ni disfrutar de vacaciones por circunstancias personales y profesionales. En cualquiera de los casos este post es para vosotros.

 

Estéis en la situación que estéis os quiero contar la importancia que tiene el no hacer nada, algo que suena tan bonito y fácil a la vez y que, sin embargo, es mucho más difícil de lo que podemos llegar a pensar y nos damos cuenta en el momento en que lo queremos llevar a la práctica.

No hacer nada

Nuestro cuerpo y nuestra mente necesitan esos momentos de desconexión, de no hacer nada. Para cada uno de nosotros ese “no hacer nada” será una cosa diferente: dar un paseo sin destino, leer un libro, estar sentado en el sofá, tumbado en la cama, tomar el sol en la playa, ver una serie, etc.

A veces, en la mayoría de las ocasiones, lo que nos ocurre cuando no hacemos nada es que nos entra un sentimiento de culpabilidad, de frustración, de autoexigencia, de encontrarnos mal con nosotros mismos porque consideramos que estamos perdiendo el tiempo con todo lo que tenemos que hacer y con lo importante que es todo aquello que consideramos que hay que hacer. Y no nos damos cuenta de lo fundamental que es ese tiempo de parar.

 

En nuestro cerebro hay dos circuitos, el de la atención y el de la introspección y ambos son incompatibles entre sí. El de la atención es el que pone el foco en la acción cuando estamos concentrados en una determinada actividad y el de la introspección se pone en funcionamiento cuando estamos divagando, cuando nos dejamos llevar por nuestros pensamientos de forma inconsciente. En estos momentos es cuando somos más creativos, cuando tenemos las mejores ideas y cuando podemos llegar a ser más productivos aunque nos cueste creerlo.

Por todos es sabido de qué manera tuvo la inspiración Newton de la Teoría de la Gravedad.

 

Tenemos que darnos permiso para concedernos esos tiempos, esos momentos de “no hacer nada y si no es por nuestra propia conciencia sabiendo que nos son necesarios, lo podemos hacer porque sabemos que son importantes para nuestro buen funcionamiento, productividad y creatividad.

 

Las vacaciones, el verano, el buen tiempo es un buen momento para comenzar a practicar, para poner en forma nuestro circuito de la introspección de forma más consciente, siendo compasivos con nosotros mismos, sabiendo que es necesario y si a la vez lo podemos disfrutar, podemos sentir ese placer de no hacer nada, el beneficio será por partida doble.

 

Cada uno que decida qué manera elige no hacer nada. Lo podemos llevar a la práctica de diferentes formas y así ver con cual nos sentimos más a gusto.

Os puedo dar algunos ejemplos de no hacer nada y vosotros decidís cual o cuales son los que elegís:

 

  1. Para y desconecta unos minutos al día. Puede ser tumbado en el sofá, en la playa o en la piscina ahora tan apetecibles, mirando la montaña, ese paisaje que nos apasiona. Eso sí, sin tele, sin teléfonos, sin ordenadores, sin mensajes que nos distraigan de ese momento. Piensa que son sólo unos minutos que pueden ser tan productivos!!!

 

  1. Medita. Siéntate y presta atención a tu respiración o al silencio o a lo que sientes. Puedes dar un paseo simplemente disfrutando del paseo en si. Apreciar cómo estás, apreciar lo que ves, ser consciente de lo que estás sintiendo mientras andas.

meditar

 

  1. Haz aquello que te gusta y para lo que nunca tienes tiempo: pintar, crouchet, macramé, cerámica, fotografía, etc… Alguna actividad que tampoco requiera un esfuerzo intelectual demasiado elevado.

 

  1. Tómate un café, una infusión, un helado viendo las maravillosas puestas de sol. Déjate ir. Esta es mi preferida.

 

Aquí os dejo algunas ideas y estoy segura de que vosotros podéis encontrar las vuestras o ya las tenéis. Lo importante es llevarlo a la práctica, hacerlo ya, no dejarlo para mañana.

En estos tiempos en los que vivimos hiperconectados con todo, con toda la tecnología que nos rodea, es más necesario, si cabe, estos momentos de parar, de poner en marcha el circuito de la introspección y observar qué pasa, qué beneficios conseguimos. No te sientas culpable, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

 

En los comentarios nos podéis contar cuáles son vuestras maneras de no hacer nada que seguro que son inspiradoras para más personas y si ponéis en práctica algunas de las que he descrito anteriormente, me podéis contar cómo os habéis sentido. Estaré encantada de leer vuestros comentarios y aportaciones.

 

 

 

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2 comentarios en “El Placer de no hacer Nada

    • Gabinete Author del Artículo

      Por nuestra experiencia en procesos de coaching con personas desempleadas y por experiencias personales muy cercanas podemos asegurar que lo que menos hacen es “no hacer nada”. Buscan trabajo con todo lo que ello conlleva de estudios, reinventarse, mover currículums, buscar opciones, un sinfín de acciones para lograr encontrar trabajo, si es lo que quieren y necesitan, que será lo más seguro. Es más podríamos decir que en esos casos, en lo que podemos asegurar que muchas veces la mente no descansa por la angustia que conlleva el no tener trabajo, es necesario tomarse esos momentos de “hacer nada”, de descansar, de desconectar, de realizar hobbies que nos permitan disfrutar.
      Estar sin trabajo sin duda es un tema delicado y sensible y cada caso es muy personal.

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