Expectativas

El post de hoy trata de un tema que, si somos conscientes, nos afecta a una gran mayoría de nosotros. Es importante eso mismo, la toma de consciencia como siempre decimos para poder seguir creciendo a nivel personal. El tema es el de las expectativas que nos generamos.

Porque no sé si os habéis planteado alguna vez que vivimos casi todo el tiempo pensando en la “expectativa” de cómo tenemos que vivir o cómo las personas se tienen que comportar.

expectativas

 

Pensad en ello.

Y es que, vivir continuamente con expectativas frustra, limita, enfada, crea sufrimiento, tensión , conflicto.

Esto sirve para todas las dimensiones de nuestra vida:

  • relaciones personales,
  • profesionales,
  • sociales y
  • en la relación con nosotros mismos.

Uno de los aspectos en los que más he trabajado en los últimos meses es en hacer una revisión diaria de mis expectativas .

Una de las distinciones que más me han servido para hacer este trabajo, y es una labor que os aseguro que sirve muchísimo, es preguntarme si cada vez que he esperado algo de alguien, ¿esa persona se ha comprometido a eso? o ¿es una expectativa mía? Porque si esa persona se había comprometido, sí es expectativa. Lo que realmente ocurre en el 99% de los casos es que nuestras expectativas están basadas en cómo queremos que sean las cosas, en nuestros deseos de cómo queremos que sean.

Os puedo poner mil ejemplos de esto y vosotros seguro que podéis tener y encontrar otros miles. Los casos y situaciones pueden ser infinitos, desde que un marido no responda el día de tu aniversario a como tú esperabas, a que un jefe no sea tan agradecido como tú deseabas, a que las expectativas que tenemos de nuestros hijos no vayan por donde nosotros queramos, a que alguna amiga no se comporte de la manera que tú suponías que iba a hacer, a que un novio te conteste lo que a ti te gusta, etc.

Otro tipo de expectativas son las que vamos configurando sobre nosotros mismos. Este tipo también puede ser peligroso y contraproducente por el nivel de autoexigencia que puede conllevar. Seguro que os podéis sentir identificados en alguno de estos ejemplos: ser siempre la mejor madre, la mejor profesional, la mejor amiga, la mejor pareja. Esto puede llegar a momentos de insatisfacción y frustración, como os dije al principio, ya que es muy complicado llegar a estos niveles, sobretodo sin definir claramente qué es “lo mejor”, algo muy subjetivo.

Otra clase de expectativas frustradas se pueden dar cuando tienes contratiempos como puede ser algo tan cotidiano como tener una infección de muelas y hayas generado la expectativa de que se vaya en un par de semanas y te dure un par de meses.

Otro ejemplo, con el que yo estoy trabajando especialmente, es el esperar que los ritmos de las personas con las que trabajamos y nos vamos encontrando en la vida por diferentes circunstancias sean los mismos que los nuestros. Este es uno de los puntos que ha sido más clave para mí y donde he tenido que enfatizar más porque a veces me cuesta adaptarme a otros ritmos que no son similares al mío. Como podéis ver los ejemplos son infinitos

Lo importante es que la solución es muy sencilla. Lo que yo he trabajado diariamente y me ha producido muchísima paz es revisar mis expectativas y ser consciente de que son eso mismo, simplemente expectativas y que no debo apegarme a ellas, es conveniente soltarlas.

¿De qué manera las suelto? Con una gran capacidad de aceptación, de amor, de compasión hacia uno mismo y hacia las personas que nos rodean.

expectativas

Os recomiendo esta revisión de expectativas, no sé si porque a mí me ha servido tanto, lo veo muy importante para vivir de una manera más feliz y relajada.

Para esta semana, si os apetece, podéis hacer una lista de cuántas veces pensáis que estáis viviendo en la expectativa para animaros a llevarlo a la aceptación.

Espero vuestros comentarios y os deseo buena semana.

Si te ha gustado el post, puedes compartirlo